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El jardín de los sueños rotos

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Por Somos Múltiples

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rosa y velaLa primera vez que ocurrió me pilló completamente desprevenida, con la guardia totalmente bajada y una ilusión inmensa que ocupaba todo mi pensamiento y no dejaba ningún resquicio al miedo. Sabía que algo así podía ocurrir pero pensaba que no tenía por qué pasarme a mí.

Hace ahora cinco años quedé embarazada por primera vez. Deseaba intensamente ser madre, aunque a la vez me asustaba la idea de involucrarme en una tarea que exigía tal grado de compromiso y de responsabilidad. Pero siempre me han gustado los retos así que me lancé a la aventura sin pensarlo demasiado y después de poco más de dos meses la búsqueda empezó a dar sus frutos.

Un incómodo y persistente dolor de pecho me puso sobre aviso de los cambios que estaban sucediendo en mi cuerpo. No quise hacerme el test de embarazo con la primera orina de la mañana ya que, fuese cual fuese el resultado, no quería tener que digerir la noticia en el trabajo mientras fingía que era un día cualquiera. Así que esperé a la tarde, y de camino a casa compré un test de embarazo. Mientras conducía de vuelta a casa estaba tan nerviosa que tenía la boca seca y me costaba hasta respirar. En una hora confirmaría si mis sospechas eran ciertas o no.

El test de embarazo que había comprado era de estos que son digitales y cuyo resultado aparece escrito en la pantalla para no dar lugar a interpretaciones subjetivas. Lo último que me apetecía era tener que andar adivinando si se veía o no una línea fantasma. Lo saqué del bolso, me leí las instrucciones y me dispuse a estrenarlo. Después lo dejé sobre el lavabo y me puse a dar vueltas sin rumbo por toda la casa durante dos minutos que se me hicieron eternos. Cuando volví al baño el resultado no dejaba lugar a dudas, “embarazada 1-2”, ¡Lo había conseguido!

Primero me quedé muda, después se lo enseñé a mi marido y lloré. Nos abrazamos muertos de felicidad y de miedo a la vez. Me sentía abrumada por la noticia, ya que no es lo mismo querer ser madre que saber que vas a serlo en nueve meses. Era algo que me producía tanta felicidad como vértigo al mismo tiempo.

Un par de horas más tarde, cuando logré asimilar la noticia, se me ocurrió que sería buena idea contárselo en persona a mi madre. Le acababan de detectar un cáncer y pensé que la noticia le animaría bastante. Así que cogí el teléfono, le pregunté si estaba en casa y le dije que iba a verla enseguida sin darle ningún tipo de explicación. Ya eran más de las diez de la noche, y tal y como me confesó más tarde, ante una llamada tan escueta y una visita tan inesperada lo primero que pensó fue que me había peleado con mi pareja.

Cogí el test de embarazo, que aún seguía en el baño, le puse la tapa y lo envolví con papel de regalo. Quince minutos más tarde aparecí en casa de mi madre y, en cuanto me abrió la puerta, se lo entregué. Lo desenvolvió con cara de sorpresa y, cuando vio en qué consistía el regalo, me miró estupefacta pero a la vez… ¡Tan feliz!

Los días siguientes fueron una bacanal de alegría constante. Cada vez que sentía la tensión en mi vientre, o esos pequeños pinchazos en el útero recordaba que mi vida había adquirido un sentido totalmente nuevo. Iba a ser MADRE. La tarea más trascendente e importante de toda mi vida.

Un par de semanas después empecé a sangrar muy discretamente. Apenas un par de manchas prácticamente imperceptibles. Tan poca cosa era que perfectamente se me podía haber pasado por alto si yo no fuera una persona tan observadora. Al principio traté de no preocuparme ya que las manchas eran marrones y no rojas, es decir, lo que se denomina “sangre vieja”. Pero mi intuición me avisaba de que algo no iba bien y finalmente no pude resistirme más a consultar mi duda en internet. Ahí fue cuando aprendí lo que era un embarazo ectópico, y aunque no puedo explicarlo de forma lógica, acabé convencida de que eso era lo que me estaba pasando a mí.

Acudí a urgencias para confirmar mis sospechas y me atendió un médico sumamente desagradable que no dejó entrar a mi pareja en la consulta y me trató como si fuese estúpida. Me dijo que él no veía nada anómalo pero, ante mi insistencia, accedió a aplicarme el protocolo de sospecha de embarazo ectópico, realizándome análisis del nivel de hormona HCG en sangre cada 48 horas para ver si la cantidad aumentaba correctamente.

Recuerdo esos días de incertidumbre como un periodo oscuro y confuso lleno de ansiedad. A ratos me sentía llena de esperanza y estaba convencida de que todo iba a acabar en un susto, una desagradable anécdota que le contaría a mi futuro hijo algún día. Otras veces me invadía la desesperación y sólo quería que acabase todo cuanto antes. También pasé bastante miedo ya que el embarazo ectópico, o embarazo extrauterino, se produce cuando el embrión se implanta en una de las trompas de Falopio en vez del útero, y existía el riesgo de que se rompiese la trompa y ello provocase una hemorragia interna.

El mismo día en que me confirmaron el diagnóstico mi cuerpo comenzó a hacer su trabajo para eliminar el embrión. La experiencia fue bastante traumática para mí. Me costó mucho aceptar la idea de que ya no iba a ser madre. Perdí una oportunidad, una ilusión y muchas lágrimas por el camino y lo peor de todo es que afectó gravemente a mi fertilidad futura.

Lo más duro de perder un embarazo es no tener a nadie con quien desahogarte ya que a la gente por lo general no le gusta hablar de esas cosas. La mayoría opta por restarle importancia a un aborto temprano, como si el hecho de haber pasado poco tiempo embarazada hiciera que doliese menos. Todos te dicen que no pasa nada, que eres joven y que puedes volver a intentarlo, e inmediatamente desvían de forma discreta el tema de conversación pretendiendo que actúes como si no hubiera pasado nada. La forma en la que todos trataban de ignorar esa pequeña vida que había crecido en mi interior, y que para mí había sido tan importante, me provocaba una rabia inmensa.

Es difícil hablar de ello incluso con tu propia pareja, cuando uno lucha por olvidar y el otro necesita desesperadamente descargar el peso de su angustia hablando de ello. Pasados unos días se acaba levantando un tupido velo de silencio alrededor del tema. Parece que nadie comprende tu desesperación. Todos optan por la postura más cómoda; fingir que no ha pasado nada. Y llega un momento en el que te planteas si ha ocurrido realmente o si lo has soñado y el embarazo sólo era producto de tu imaginación. Pero el dolor que sientes a cada instante te recuerda que es real.

No sabía como mitigar el dolor y eso era casi peor que la pérdida en sí misma. No sabía como despedirme de ese diminuto embrión que había significado tanto para mí. No tenía ningún recuerdo de aquel embarazo ni nada físico que enterrar pero sentía que tenía que encontrar alguna forma, aunque fuese simbólica, de hacer el duelo.

Días más tarde se me ocurrió plantar unas rosas alrededor de un árbol que había en mi jardín. Nunca he tenido buena mano con la jardinería pero de pronto sentí que necesitaba dar vida a algo, aunque fuera una mísera planta. Y así fue como mi jardín se convirtió en el jardín de los sueños rotos, en un pequeño refugio en el que dar visibilidad a mi dolor, reconciliarme con él y aceptar que estaba ahí, conmigo, y no se iría hasta que pasara el tiempo suficiente para que se curasen mis heridas. Porque al final el tiempo, de una forma u otra, todo lo cura, aunque siempre me acompañará una inevitable sentimiento de melancolía al recordar el triste destino de aquel pequeño embrión al que nunca pude conocer.

 

carnavaldeblogs perdida gestacional y perinatalNOTA: Este post forma parte del I Carnaval de blogs dedicado a la temática del Duelo Gestacional y Perinatal organizado por Mónica del blog Duelo gestacional y perinatal y administradora de una comunidad de duelo centrada en la misma temática. Espero que mi testimonio sirva para visibilizar y reivindicar el dolor al que nos enfrentamos las mujeres cuando pasamos por una experiencia tan dura y, como la propia Mónica afirma en su blog, no debemos tener miedo al dolor ya que «el dolor aprieta pero no ahoga, nos transforma y nos convierte en mejores personas si nos dejamos guiar.».



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Madre de mellizos prematuros que un día decidió abrir un blog para compartir su (in)experiencia personal con otras madres. Administradora de Somos Múltiples y de la tienda para gemelos y mellizos Tot A Lot. Adicta a las redes sociales. Más info en la sección Autores. Puedes ver todas las publicaciones de Somos Múltiples en el Archivo de publicaciones.

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8 comentarios en «El jardín de los sueños rotos»

  1. Pero te ocurrió a tí? Tiene que ser duro, nunca he pasado por ello, pero supongo que el hecho de que la gente no le dé importancia tiene que quemar… mi prima casi se va al otro barrio con un ectópico por una negligencia. Recuerdo a mi padre nervioso esperando a que llegara al hospital (venía en avión de un viaje que decidió terminar antes de tiempo por el dolr insufrible y no le dió tiempo a decirle que no se subiera y que volviera al hospital…) llegó con la trompa reventada. Le hizo la eco y le llevó directa a quirófano, ya chocada. Yo llevaba apenas 3 meses trabajando en la consulta, acabábamos de empezar, había pocas pacientes, pero tuve que pedir que me sustituyeran, y me fui con mi cuñado a esperar… Hablamos mucho de ello, y creo que eso le ha ayudado mucho. Un muxu enorme!

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    • Hola guapa!

      Pues claro que me pasó a mí por desgracia 🙁

      ¿Recuerdas que una vez te dije que tuve una muy mala experiencia en el Hospital Montepríncipe y que jamás volví? Pues fue con el médico idiota este, que al final tuvo que suavizar sus formas conmigo claro…

      Qué fuerte lo de tu prima, cuánto lo siento. Yo al final fui a otro ginecólogo, porque no me quería pinchar el metrotrexate, y me dio unas pautas para acudir a urgencias si sentía pichazos en el hombro izquierdo, dolor abdominal y no se qué más.

      Yo no perdí la trompa pero el ectópico me generó un montón de adherencias y al final me la tuvieron que quitar igualmente.

      Haces bien en hablar de ello con tu prima, es muy duro tener que guardártelo dentro y fingir que no ha pasado nada. De hecho es lo más duro de todo.

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      • Uff!! Ya te dije que cerramos el servicio porque trataban a las mujeres como vacas… Nosotros allí sólo operábamos, consulta en Torre y en Sanchinarro pasábamos la oncológica…

        Sí, mi prima ahora se lo toma con mucho humor, hemos hablado largo y tendido sobre el tema, ya pasó, y ahora dice que es unitrompa! Pero a pesar de ello, 3 embarazos más naturales, mis 3 soles de sobrinos!

        Qué importante es encontrar un buen profesional, madre mía! Después de trabajar allí, recuerdo que tenía claro que cuando me quedara embarazada mi padre sería mi gine (hasta entonces nunca me había visto él…). Luego no puedo ser, porque como eran 3 prefirió que me controlara otro compañero que tiene mucha práctica (y por cierto, un sol no, lo siguiente) pero en la cesárea sí, los dos mano a mano…

        No sabía que habia sido todo tan duro, tienes para escribir un par de libros, pero lo bueno ya para nosotras, es que tenemos ya el resultado del esfuerzo, y hace que todo lo demás se vaya diluyendo….. Lo has contado de una forma preciosa.

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  2. Me siento muy identificada con este post. Pase x algo similar antes de quedar embarazada de mis gemelos. Un embarazo anembrionario que termino de la peor manera el día de mi cumpleaños. Un horror del que es dificil salir y como dices pocos lo comprenden y saben del dolor que se vive. En mi caso mis cumpleaños siempre van a tener un dejo de tristeza ademas. un abrazo

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  3. Que bien saber de tu historia pero y como has podido superarlo porque yo aunque me haga fuerte siento que no he podido

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  4. Yo he pasado ya por 3 ectopicos con perdida de trompa derecha. Ya no se si asumir que nunca seré madre o seguir la lucha con la única trompa que me queda. Ha sido terrible..

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¿Y tú qué opinas?